No he podido evitar el levantarme con la desoladora sensación de haber perdido otra oportunidad. Un sábado cualquiera te obsequias con un madrugón porque has quedado con gente estupenda para volver a disfrutar de la montaña, pero nada más lejos de toda intención ya que la pequeña sociedad que se forma hace imposible que la montaña penetre en uno, creando una coraza aislante. Estamos contaminados hasta tal punto que ni el aire puro y libre logra que por un instante dejemos de actuar socialmente y tengamos la necesidad de interactuar dentro del grupo obviando, excepto en puntuales momentos, el entorno. Es extraño no darse cuenta que somos los mismos en distintos lugares indistintamente del decorado y esto es una desnaturalización del ser humano preocupante. Todas las sensaciones que apercibí y noté en los demás venían del interior de cada uno de nosotros,… no vimos nada ni aprendimos nada que no supiéramos ya y eso quiere decir que volvimos igual de vacíos. Cualquiera estará orgulloso de cuantificar las veces que ha subido al Pedraforca pero a pocos les oimos contar que llegar a la cima fué lo de menos porque se sintió feliz allí.

 

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Pedraforca

 

Juanete,…